El Faro (cuento de Mario Benedetti)

_MG_6385-2 A aquel faro le gustaba su tarea, no sólo porque le permitía ayudar, merced a su sencillo e imprescindible foco, a veleros, yates y remolcadores hasta que se perdían en algún recodo del horizonte, sino también porque le dejaba entrever, con astuta intermitencia, a ciertas parejitas que hacían y deshacían el amor en el discreto refugio de algún auto estacionado más allá de las rocas. Aquel faro era incurablemente optimista y no estaba dispuesto a cambiar por ningún otro su alegre oficio de iluminador. Se imaginaba que la noche no podía ser noche sin su luz, creía que ésta era la única estrella a flor de tierra pero sobre todo a flor de agua, y hasta se hacía la ilusión de que su clásica intermitencia era el equivalente de una risa saludable y candorosa. Así hasta que en una ocasión aciaga se quedó sin luz. Vaya a saber por qué sinrazón mecánica el mecanismo autónomo falló y la noche puso toda su oscuridad a disposición del encrespado mar. Para peor de los males se desató una tormenta con relámpagos, truenos y toda la compañía. El faro no pudo conciliar el sueño. La espesa oscuridad siempre le provocaba insomnio, además de náuseas. Sólo cuando al alba el otro faro, también llamado sol, fue encendiendo de a poco la ribera y el oleaje, el faro del cuento tuvo noción de la tragedia. Ahí nomás, a pocas millas de su torre grisácea, se veía un velero semihundido. Por supuesto pensó en la gente, en los posibles náufragos, pero sobre todo pensó en el velero, ya que siempre se había sentido más ligado a los barcos que a los barqueros. Sintió que su reacio corazón se estremecía y ya no pudo más. Cerró su ojo de modesto cíclope y lloró dos o tres lágrimas de piedra

Mario Benedetti

Anteriormente en pdrserra.comFaro del Port d’Andratx

Origami

El origami (折り紙?) es el arte de origen japonés consistente en el plegado de papel sin usar tijeras ni pegamento para obtener figuras de formas variadas, muchas de las cuales podrían considerarse como esculturas de papel._MG_6587

Dicho plegado de papel suele ser con fines religiosos o relacionados con la cultura zen._MG_6603

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Figura de una grulla

Ositos de gominola, el dulce perfecto

Los famosos Ositos de gominola fueron inventados en 1922 por un repostero de la Alemana ciudad de Bonn, llamado Hans Riegel.

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Hans sacó la inspiración de los osos entrenados, que era habitual ver en las fiestas callejeras y mercadillos, bailando al son del violín de sus amos. La receta original de estas golosinas tenia como base la goma arábiga, una sustancia producida por las acacias para cerrar sus heridas y evitar de esta manera la entrada de gérmenes, de ahí el nombre en castellano de osito gominola o del inglés “gummy bear”.

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Pero volvamos un momento a inventor de tan apreciado dulce: el repostero Hans Riegel. En 1920, dos años antes de empezar la fabricación de los ositos gominola, Hans Riegel fundó una pequeña empresa llamada Hans Riegel Bonn, es decir, Haribo.
Haribo hoy en día es líder mundial en la producción de golosinas con más de 6.000 trabajadores, 5 fábricas en Alemania y 13 más en el resto de Europa, se calcula que actualmente el consumo de ositos de gominola ronda las 106.000 toneladas anuales.

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