El Hondero Balear

Los Honderos Baleares formaban un cuerpo de ejército propio de la Edad Antigua, integrado por indígenas de las Baleares, presentes tanto en las tropas cartaginesas como romanas. Ya estuvieron presentes en las guerras contra los griegos en Sicilia, desde finales del siglo V y IV aC, así como en la Segunda Guerra Púnica. Posteriormente sirvieron como tropas auxiliares de infantería ligera en múltiples combates, entre los que cabe mencionar su presencia en las legiones de Julio César en la Guerra de las Galias. De ellos dice Diodoro Sículo, que: (…) en la práctica de lanzar grandes piedras con honda aventajan a todos los demás hombres.

Los honderos baleares combatían «semidesnudos», es decir, con escaso armamento y, en todo caso, como armamento defensivo solo usaban un escudo recubierto de piel de cabra, y como armamento ofensivo un venablo de madera afilada y las célebres hondas.

Estas eran elaboradas con diversos materiales: fibra vegetal trenzada, lino, esparto o incluso crin de animal. Empleaban tres tipos de hondas de distintas longitudes, según la distancia del objetivo a alcanzar. Las que no estaban usando en un momento dado, las colocaban en torno a la cabeza y la cintura. Los proyectiles, que lanzaban tras voltear tres veces sus hondas, podían ser de piedra, terracota o plomo. Podían llegar a pesar hasta 500 g, y sus efectos eran análogos a los de una catapulta. Excelentes defensores y asaltantes de fortificaciones, los cartagineses los emplearon sobre todo en el campo de batalla. Normalmente, eran los primeros en intervenir en las batallas, derribando a las primeras filas enemigas, rompiendo escudos, yelmos y cualquier tipo de arma defensiva. Cuando se les terminaban los proyectiles o el enemigo estaba ya muy próximo, se replegaban junto a los arqueros para ceder el paso al grueso de la infantería ligera. Según los cronistas, Aníbal contó con aproximadamente 2000 honderos, quien en los inicios de la campaña en la península itálica los dispuso en primera fila de su ejército, y eran los encargados de comenzar la lucha hostigando a los romanos. Es significativo el hecho de que los contingentes de honderos fueran citados expresamente en la distribución de tropas que Aníbal hizo antes de dejar el mando del territorio cartaginés en la península ibérica a su hermano Asdrúbal, al que confió 500 baleares. Aníbal confería gran importancia a estas tropas y las protegió a lo largo de la campaña como soldados irreemplazables. El motivo no era otro que el mayor alcance y precisión que la honda tenía sobre el arco.

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